Sanar para volver a sentir: mi embarazo tras una pérdida gestacional
En diciembre de 2023 jamás imaginé que estaría escribiendo sobre este tema. Nunca se me pasó por la cabeza la posibilidad de tener una pérdida gestacional. Pero me pasó, y hoy elijo compartirlo, porque siento que es algo que necesitamos hablar más como sociedad, para empatizar y conectar con quienes transitan este dolor muchas veces en silencio. Si lo oculto, sería seguir en el mismo círculo vicioso que al menos a mí me hizo daño, y no quiero seguir alimentando ese silencio que tanto nos desconecta.
De un comienzo con ilusión a un silencio doloroso
A fines de ese año, al cerrar nuestros deseos como familia para el nuevo ciclo, decretamos que queríamos recibir a un nuevo integrante. Tres semanas después, al ver que no llegaba mi periodo, me hice un test de embarazo. Era positivo.
Estábamos felices. Lo compartí con mi familia y amigas cercanas, a pesar de que siempre te dicen que no es recomendable antes de las 12 semanas. Pero yo necesitaba contención, y sentía que ocultarlo era negar parte de nuestra historia. Nos cargan con tanto a las mujeres embarazadas, y no quería sumar el peso del secreto.
Durante cinco semanas sentía como mi cuerpo se acomodaba para anidar a ese bebé tan deseado. Todo parecía perfecto. Sin embargo, a la semana 6, de la nada, algo dentro de mí se desprendió físicamente.
Fui a urgencias. Me dijeron que probablemente estaba teniendo una pérdida, pero durante cuatro días no pudieron confirmarlo. Al principio, traté de convencerme y aferrarme a la vida de ese pequeño, sin embargo, durante la "eterna" espera, empecé a intuir que ya no estaba. Finalmente, se confirmó. Fue natural y rápido, y traté de convencerme de que estaba bien, pero no lo estaba. Obvio que lloré, me permití sentir y vivir mi duelo, pero de alguna manera es difícil enfrentarlo cuando las personas de tu alrededor no saben mucho por lo que estás pasando.
De alguna manera, en estos momentos no sabemos mucho cómo reaccionar o qué decir y nos incomodamos al hablar estos temas (yo también he estado ahí así que no los juzgo)…y también tengo otro hijo que de alguna manera también requería de mi tiempo y energía, y si bien me veía un poco triste, no sabía por lo que transitaba su mamá.
Y así, sin darme cuenta, barrí mi dolor debajo de la alfombra.
No era polvo. Era pérdida, miedo, tristeza, desconcierto. Pero seguía ahí, escondido.
Tenía un viaje a mi país y me refugié en ese destino para olvidar un poco lo que estaba pasando.
Un nuevo embarazo... en donde conocí el miedo y sanar fue mi clave para vivirlo con bienestar.
Seis meses después quedé embarazada nuevamente. Esta vez no fue tan fácil ni rápido. Aun así, compartí la noticia con mi círculo cercano. Me cuidé mucho más, filtré más, me detuve. Cada semana era una victoria.Sin embargo, en esas victorias diarias de ver que aún seguía esta nueva vida aferrada a mi, había escondida una emoción que me costaba detectar.
Con el paso de los días empecé a notar frases como "ya no puedo seguir ocultando este embarazo", como si fuera algo vergonzoso. Sin darme cuenta me daba miedo encariñarme. No quería volver a pasar por lo mismo, aunque era algo que no podía controlar…así como la mayoría de las cosas que nos pasan…
Un día, recibí una señal, como de esas divinas que no puedes ignorar. Y decidí hacerme cargo.
Con Bienestado hablo de autoconocimiento, de autocuidado y de bienestar. Y esta vez, debía ponerme en el centro, antes que a cualquier otro. Sentía que era fundamental enfrentar lo vivido, ponerle nombre y poder sanar.
Volví a terapia con mi psicóloga que me deje de ver hace 5 años. Le pusimos nombre a lo que me pasaba: miedo.(wow jamás pensé que ese era el nombre). Había minimizado mi dolor por las pocas semanas de gestación, por lo "natural" de la pérdida y porque a mi alrededor también estaban pasando otras cosas muy fuertes, que me hacían pensar que lo mío era menos relevante, pero no, era igual de válido, era real.
Enfrentar esto y sanar era lo que sí estaba bajo mi control. Y sentía que era mi deber, para así permitirle a este nuevo bebé llegar en un espacio más liviano, más consciente, más amoroso.
Me di cuenta de cuánto me había postergado. Cuánto había contenido, para no molestar, para no quitar espacio al dolor ajeno. Pero yo también estaba sufriendo. Y también merecía apoyo.
O más bien, ser vista. No desde una visión de bienestar como sinónimo de felicidad, sino desde la vulnerabilidad. Porque para ver luz, también se necesita pasar por la oscuridad.
Sanar me permitió reconectar con este nuevo embarazo. Disfrutarlo. Cuidarme mejor. Sentirme en mayor bienestar.
Y también me permitió hablarlo con quienes amo, y abrir espacio para que ellos pudieran ver lo que a mí me dolía... y de alguna forma les permití darse cuenta de que a ellos de alguna forma les había afectado de igual manera.
La terapia la complementé con un ritual de despedida para este bebe estrella 🌟- que para mi fue super liberador- donde pude hablarle, sanarlo-me, y soltarlo, y de alguna forma también resignificar el proceso que habíamos pasado.
Para finalmente con esto, darle espacio y bienvenida a este bebe arcoiris que está apunto de llegar a mis brazos.🌈
Si tú también estás ahí...o algo similar
Si has pasado por una pérdida gestacional, te abrazo con todo mi corazón. Ojalá hayas encontrado tu camino para sanar. Y si aún no lo has hecho, te animo a buscar ayuda. Terapia, contención, escucha. Todo lo que sea necesario.
No minimices tu dolor (y no sólo de una pérdida de este tipo, si no que cualquier situación que estes transitando). No lo barras debajo de la alfombra. Y si quieres hablar con alguien, o necesitas un dato, aquí estoy. Escríbeme. De verdad.
Y si este relato te resonó, te pido que lo compartas. Que lo muestres. Que lo hablemos. Porque cuando hablamos, sanamos juntas.
Próximamente seguiré escribiendo sobre los aprendizajes y herramientas que me ayudaron a transitar este embarazo con más conciencia, bienestar y amor propio.
Gracias por estar aquí ♡
.png)

Comentarios
Publicar un comentario